«Siempre acabamos llegando a donde nos esperan»- El viaje del Elefante – Saramago

DESIDIA MURAL, CIRCUITO DE MURALES DE ARGANA BAJA, ARRECIFE, LANZAROTE

“Sabina vuelve a casa tras un largo viaje a lomos de su cochino negro Saborín” 

FOTOGRAFÍAS DE LAUREN COLLINS


Aquí vemos a Sabina a lomos de una bestia parda: un cochino negro llamado Saborín.

Sabina pertenece al pueblo guanche de Tenerife y, a sus 36 años, ha recorrido las ocho islas Canarias.

Nació en 1312, en el sur de Tenerife.

Pero una noche febril, durante un extraño sueño, despertó en su propia cueva… y, sorprendida, comprobó que era el año 2025.

Lo primero que vio fue el vuelo de una Hubara proyectado en la roca.

Pensó que lo habría pintado ella misma, como en sus noches de fiebre, pero aquel pájaro no estaba hecho de tierra almagre: parecía hecho de luz, y su sombra era fuego.

Entonces escuchó una mezcla de sonidos que nunca antes había oído:

el eco de un tambor gigante, gotas de agua cayendo en un charco, y el golpe del basalto y la obsidiana como cuando ella misma tallaba puntas de lanza.

Todo sucediendo a la vez, en un ritmo frenético, más agonizante que el grito de un animal herido.

TAMBORES, GOTAS, GOLPES. Tambores, golpes, gotas. TAMBORES, GOTAS, GOLPES. Tambores, golpes, gotas. TAMBORES, GOTAS, GOLPES (cada vez más rápido)

Sabina estaba en lo que parecía una fiesta.

Tres días después, al terminar aquel extraño ritual de comedores de piedras de colores y cristales —un clan del que jamás había oído hablar—, le explicarían que se trataba de una Rave, y que ella había aparecido allí por arte de magia (Quizás por culpa de esas luces de colores venenosos que se agitaban sin descanso). 

Sabina no entendió ni una palabra de los comedores de piedras.

Nada.

Pero bailó con ellos durante tres días.

Solo bailó. Bailó y bailó sin necesidad de hablar.

Observando y absorbiendo aquel ambiente digno de sus mejores visiones.

Saltando, jugando y riendo junto a Saborín y los comedores de cristal.

Y entonces lo sintió:

por fin había llegado al lugar donde alguien la esperaba,

al lugar donde realmente pertenecía.

Había viajado en el tiempo —quién sabe cómo—, pero supo que este era su destino.

Y el comienzo de su mayor aventura.

FOTOGRAFÍAS DE PROCESO LAUREN COLLINS
Irene Cuadrado, alumne en prácticas ULL
JUIN E IRENE, EQUIPAZO Y PURO AMOR

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